El Peso de una Misión

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The White House – Hace cinco años, vi en el “Situation Room” junto con el presidente Obama, el vicepresidente Biden y los miembros del equipo de seguridad nacional del presidente, como las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos, aseguraban la justicia que cada estadounidense había estado esperando ver durante una década.
Tres meses previo a la operación, el personal del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca organizó más de dos docena de reuniones interinstitucionales para supervisar los preparativos y considerar todos los problemas relacionados a la operación: la evaluación de la inteligencia emergente, los posibles cursos de acción operativos, las consecuencias e implicaciones de los éxitos y fracasos.

Lo que más me cautivó de ese proceso fue la atención absoluta a la seguridad operacional, la discreción y el secreto. Muy pocos individuos más allá de los funcionarios de más alto rango, estaban involucrados en la política de esta operación. Se tomaron medidas extraordinarias para limitar el flujo de información, y los involucrados mantuvieron un increíblemente alto grado de disciplina.
Se consideraron todas las posibles opciones y posibles cursos de acción, se hicieron análisis y debate en los niveles más altos. Todos los posibles problemas fueron revisados: impacto de una operación en nuestra relación con Pakistán y con nuestros otros aliados, posible reacción por Al Qaeda y el potencial de acción de represalia contra los intereses de Estados Unidos, los pasos necesarios para prepararse para posibles ataques de represalia y los próximos pasos a raíz de una operación, si fue exitosa o no.

Era evidente que la principal preocupación del presidente era la protección y la seguridad de los que llevarían a cabo las operaciones. En varias ocasiones el presidente proporcionó directrices específicas al Departamento de Defensa y al almirante Bill McRaven, para hacer muy clara la importancia de la protección y seguridad.
El día antes de que la operación se llevara a cabo, el sábado, 30 de abril, el presidente Obama hizo una llamada con respecto a seguridad al Almirante McRaven. El presidente estaba en medio de su preparación para su aparición programada esa noche en una cena con Corresponsales de la Casa Blanca en el 2011. Tuve el privilegio de hacer esa llamada telefónica para el presidente, la cual el Presidente hizo desde la Oficina Oval. Cuando entré, se pidió a las personas que preparáran discursos para el presidente a salir.

En esa llamada, el presidente preguntó si creía McRaven que estaba listo para proceder y si tenían todo lo necesario para llevar a cabo una operación exitosa. McRaven afirmó que estaban listos y el Presidente deseo buena suerte a McRaven y las fuerzas bajo su mando.
Durante el allanamiento en sí, recuerdo claramente el papel que jugó el almirante McRaven en Jalalabad, Afganistán. Además de llevar a cabo su mando y la función de control con su equipo, que se canaliza a través de videoconferencia segura (SVTC) para proporcionar actualizaciones a la CIA y los funcionarios se reunieron en la Sala de Situación de la Casa Blanca, incluido el presidente. Mientras los operadores del Departamento de Defensa verificaban su lista de comprobación, oíamos la voz de McRaven, cada vez que se alcanzaba una meta o un punto geográfico.
La parte sorprendente para mí fue que la voz de McRaven – al menos en mi memoria – nunca cambió de modulación, nunca se transmitió la preocupación o la exaltación o cualquier sensación de que había estado ocurriendo algo dramático y se mantuvo con mucho profesionalismo. Eso incluyó esos momentos muy tensos cuando las cosas no salen según lo planeado con el asalto en helicóptero. Nunca se habría sabido que algo no iba bien, si se dejaban llevar por el tono de su voz.
Después de que los operadores regresaron a salvo a la base, McRaven señaló que una manera en la que potencialmente habían confirmado la identidad de Bin Laden, era el determinar que en realidad era tan alto en estatura, ya que en el área de inteligencia sabíamos que así era. Él le dijo al presidente que habían tenido a uno de sus operadores SEAL más altos, alrededor de 6’3 “, quien se recostara en el suelo del hangar en Jalalabad, junto a los restos y se evaluó que era más o menos la misma altura que el cuerpo recuperado.

El Presidente notó a través del SVTC con McRaven que tenían todos esos millones y millones de dólares en equipos de defensa, pero que no tenían una cinta métrica, lo que obviamente produjo la risa de todos los que estaban alrededor de la mesa y el SVTC. Y cuando McRaven en última instancia, visitó al Presidente en la Oficina Oval algunos días después del ataque, el presidente Obama de hecho le “regalo” a McRaven una cinta métrica de Home Depot montada sobre una placa ceremonial, en caso de que se necesitara de nuevo.
Hace poco estuve en Fort Bragg y vi que el regalo permanece en un lugar prominente en la Sala del Comandante en el Comando Conjunto de Operaciones Especiales.
Cuando todo había terminado, todavía recuerdo mi sorpresa y lo impactante que era cuando caminaba fuera de la planta baja del ala oeste por debajo de la calle, para volver a mi oficina en el Edificio Ejecutivo Eisenhower, poco después de que el presidente había concluido su discurso a la nación.
Me sorprendió ver (y oír) que en las calles que rodean el complejo de la Casa Blanca, se llenaron con lo que parecía miles de personas celebrando el hecho de que la justicia finalmente se había hecho, a pesar de que fue después de la medianoche de un domingo – normalmente tan tranquilo y un tiempo de paz en las calles de Washington.

El momento más significativo se produjo días después, cuando el presidente Obama visitó Fort Campbell para saludar a algunos de los operadores implicados en la misión. Un número de funcionarios de alto rango, incluido yo mismo, tuvieron el privilegio de asistir a una reunión informativa con los miembros de la fuerza de asalto. El presidente escuchó de primera mano muchos de los detalles de la operación y le ofreció su admiración y gratitud por el trabajo que se había hecho.
El enorme grado de respeto que el presidente tuvo para las fuerzas de operaciones especiales era evidente para cualquiera que asistió. La valentía de estos hombres, la justicia que hicieron y el legado que dejan atrás – será recordada por todos nosotros.

Gracias,
Nick Rasmussen
Director del
National Counterterrorism Center


The Weight of One Mission

The White House – Five years ago, I watched in the Situation Room along with President Obama, Vice President Biden, and members of the President’s national security team to see if U.S. Special Operations Forces could deliver the justice that every American had been waiting to see for a decade.
In the three-plus months leading up to the operation, the White House’s National Security Council staff organized over two dozen inter-agency meetings to oversee preparations and consider all of the attendant issues: the evaluation of the emerging intelligence, possible operational courses of action, the consequences and implications of both success and failure.

What struck me most about that process was the absolute attention to operational security, discretion, and secrecy. Very few individuals beyond the most senior officials were involved in the policy piece of this operation. Extraordinary measures were taken to limit information flow, and those involved maintained an incredibly high degree of discipline.
All possible options and potential courses of action were considered, analyzed and debated at the very highest levels. All of the potential issues were reviewed: impact of an operation on our relationship with Pakistan and with our other allies, possible reaction by al Qaeda and the potential for retaliatory action against U.S. interests, steps needed to prepare for possible retaliatory attacks, and next steps in the wake of an operation whether it was successful or unsuccessful.
It was apparent that the President’s paramount concern was the safety and security of the operators. On a number of occasions, the President provided very pointed guidance to the Department of Defense and to Admiral Bill McRaven to make that very clear.

On the day before the operation took place, Saturday, April 30, President Obama placed a secure call to Admiral McRaven. The President was in the midst of his preparation for his scheduled appearance that evening at the 2011 White House Correspondents’ Dinner. I had the privilege of staffing the President for that phone call, which the President conducted from the Oval Office. When I came in, the President’s speechwriters were asked to step out.
In that call, the President inquired if McRaven believed the force was ready to proceed and if they had everything they needed to carry out a successful operation. McRaven affirmed that they did, and the President wished McRaven and the forces under his command Godspeed.
During the raid itself, I clearly recall the role that Admiral McRaven played from Jalalabad, Afghanistan. In addition to carrying out his command and control function with his team, he was piped in via secure video conference (SVTC) to provide updates to the CIA and the assembled officials at the White House Situation Room, including the President. As the Department of Defense operators would move down their checklist, we heard McRaven’s voice as each operational or geographical mark or milestone was hit. The amazing part to me was that McRaven’s voice — at least to my memory — never changed inflection, never conveyed concern or excitement or any sense that there was something dramatic happening, and never intimated anything other than calm professionalism. That included those incredibly tense moments when things did not go according to plan with the helicopter assault. You would never have known that anything was amiss if all you were going by was his voice doing the play-by-play.

After the operators safely returned to base, McRaven noted that one way in which they had potentially confirmed bin Laden’s identity was by determining that he was in fact as tall in stature as we in the Intelligence Community knew him to be. He told the President they had had one of their taller SEAL operators, about 6’3”, lie down on the ground in the hangar at Jalalabad next to the remains and they assessed he was roughly the same height as the recovered body.
The President then noted over the SVTC with McRaven that they had all those millions and millions of dollars of Defense equipment but they didn’t have a tape measure, which obviously got a good laugh from all around the table and on SVTC. And when McRaven ultimately did visit the President in the Oval Office some days after the raid, President Obama did in fact “gift” McRaven with a tape measure from Home Depot mounted on a ceremonial plaque in case it was ever needed again.
I was recently down at Fort Bragg and saw that the gift remains prominently displayed in the Commander’s Conference Room at the Joint Special Operations Command.
When it was all over, I still remember my shock and surprise when I walked outside of the West Wing basement across the street to return to my office in the Eisenhower Executive Office Building, shortly after the President had concluded his address to the nation.

I was amazed to see (and hear) the streets surrounding the White House complex were filled with what seemed like thousands of people celebrating the fact that justice had finally been done, even though it was after midnight on a Sunday night — normally about as quiet and peaceful a time on the streets of Washington as you would ever see. The most meaningful moment came days later, when President Obama visited Fort Campbell to meet with some of the operators involved in the mission. A number of senior staff members, including myself, were privileged to attend a meeting and briefing with members of the assault force. The President heard firsthand many of the details of the operation and offered his admiration and gratitude for the work that had been done. The enormous degree of respect that the President had for the Special Operations Forces was apparent to anybody who attended.The bravery of these men, the justice they delivered, and the legacy they leave behind — that will be remembered by all of us.

Thank you,
Nick Rasmussen
Director
National Counterterrorism Center

 

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